¿Sexualidad(es)?, título de nuestras próximas XII Jornadas, da cuenta del  agujero en el saber que acompaña a la humanidad desde sus orígenes. En cada época, las diversas culturas  han elaborado mitos, leyes y códigos de conducta  para intentar responder a ese interrogante siempre abierto.

Las antiguas culturas mesoamericanas no son la excepción: trascendiendo el aspecto biológico, la sexualidad dio origen a amplias redes de significaciones que condicionaron  y orientaron los diversos ámbitos de su existencia.

La civilización maya, que habitó gran parte de Mesoamérica, creó una escritura jeroglífica compleja. Ésta fue plasmada en diferentes superficies: estelas de piedra, piezas cerámicas,  pintura mural así como en sus libros sagrados, los  “códices”.

Elaborados en largas tiras de papel que obtenían  de la corteza del árbol del amate, sus hojas se trataban con una capa de estuco que les permitía escribir en su superficie utilizando pinceles y tintas de diversos colores y luego se doblaban en forma de acordeón. Las palabras “códice” y “código” – conjunto de normas y leyes – tienen un origen común, ambas provienen del latín caudex  (tronco de un árbol).

Los códices fueron un medio destacado para plasmar cuestiones del calendario que tenían la función de predecir el futuro, es decir que eran adivinatorios así como diversos rituales a los que subyace su particular Cosmovisión. En la actualidad se preservan únicamente tres, alojados en museos de ciudades europeas. ¿Acaso esta función oracular y los jeroglíficos que los constituyen no hacen resonar la realidad sexual  del Inconsciente?

Como transmite el argumento, nuestras XII Jornadas nos darán ocasión para reflexionar sobre las transformaciones del siglo XXI, su incidencia en la subjetividad y cómo nos las arreglamos con el agujero de la No-relación. Cabe referirnos a los paréntesis en el título que nos advierten que no se trata de dar respuestas sino más bien de poner en tensión diversos ángulos de la cuestión.  Les invitamos a iniciar este trabajo elaborando nuestro propio “códice”.

Lorena Greñas
NEL – Guatemala