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Mayra Hanze, en su texto publicado en el Boletín Códices, hace un recorrido por la pregunta sobre la anatomía, sexo y género  retomando la interrogación por el goce fálico, la castración y lo suplementario, así como el lugar del Otro contemporáneo.

Me gustaría retomar dos elementos, la valentía para sostener la posición subversiva freudiana, y la interlocución con aquellos que se han convertido en objeto de la ciencia al servicio del “bienestar”.

El psicoanálisis está siendo tildado como “conservador” por otros discursos (neurociencias, género, movimiento woke), lo cual si bien nos resulta escandaloso, no puede dejar de interpretarnos. Sabemos que nuestra ética como tal asume la particularidad del uno por uno, que en ese sentido subvierte el paratodos contemporáneo. Pero esto no es suficiente y el sujeto del malestar encuentra soluciones más veloces y menos comprometedoras ante el síntoma: terapias pret-a-porter a la orden del día.

Así, un ser hablante habita un cuerpo que se encuentra frente a un Otro complaciente, pero que esconde un mandato superyoico al goce. Cuerpo que se escurre tornándose cada vez más ajeno y que debe “normalizarse”.

En medio de toda esta trama, la sexualidad encuentra caminos rápidos que diluyen los cuestionamientos que pueden llamar al sujeto. Si bien las legislaciones y la ciencia permiten nuevas inscripciones para nombrarla, también queda diluida en el conjunto, aunque sea el conjunto de los sin conjunto.

Una ética del cuerpo es aquella que permite que ese cuerpo que se habita, habla y grita, pueda encontrar un lugar singular en el uno por uno intrínseco a nuestro discurso, en donde el bien decir y la responsabilidad subjetiva lo sacan de cualquier conjunto. Es hacerse responsable del propio cuerpo.

Un analista necesita tener el coraje suficiente para trabajar con aquello que resulta ajeno, que no puede ser inscrito, rechazado por otros discursos, con esos cuerpos silentes que deambulan, con lo que se nos devuelve del síntoma contemporáneo.

María Auxiliadora Rodríguez
NEL – Bogotá