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Luz Elena Gaviria
Nel-Medellin

Es la pregunta que surge de nuestra práctica del siglo XXI, la cuál se ha modificado, y esto se puede corroborar en las demandas que se presentan hoy en la clínica de los niños y los adolescentes, que se plantean más orientadas hacia el goce, que hacia los enigmas del deseo.

En la época de Freud, los adolescentes tomaban referencias para su existencia de los ideales de sus Otros, sea familiar o social, lo cuál da cuenta de cómo los significantes amos de la tradición operaban como punto de capitón.

En la actualidad en la clínica psicoanalítica se encuentra algo nuevo, y es que no hay un punto de referencia desde el cuál el adolescente pueda partir en búsqueda de la construcción de su identidad, se ofertan en cambio multiplicidad de Otros que ofrecen significantes amos que se convierten en nuevas fórmulas que orientan la subjetividad y la lógica que impera, lo cuál conduce en la práctica clínica a la pregunta: ¿qué figura tiene el Otro en cada niño y adolescente?

Es usual encontrarlo orientado por la creencia en la tecnología y la ciencia, que pretenden ocupar el lugar del que sabe y ofrece soluciones magnificas a la problemática del ser hablante de hacerse a una identidad de ser en el mundo. Se les ofrecen gadgets desbocados que conducen a hacer creer que cada uno es amo de si mismo y de su destino, que se puede elegir todo sin limitaciones y abolir cualquier determinismo, incluido el sexual. Esto supone la abolición del límite de la imposibilidad.

Pero tal vez el aspecto más radical de la tendencia a lo ilimitado en el capitalismo actual, es la pretensión de poder abolir la muerte en el horizonte de este siglo. Hoy se conoce el proyecto en marcha del genio joven europeo de 11 años con el plan de convertirse en “el hombre máquina[1], al sustituir partes del cuerpo por partes mecánicas y “lograr la vida eterna, la inmortalidad, como un cyborg, un robot” y de esta forma de ser en el mundo, dice el joven, “extender la vida más allá del deterioro físico”. El mayor éxito del capitalismo, es que el sujeto no se vive haciendo algo que se le impone. Cree auto designarse al identificarse con una receta nueva que surge y le ofrece el Otro de la ciencia y del capitalismo, que empuja a lo ilimitado de la pulsión, hasta prometer ganarle la partida al amo absoluto, a la muerte.

En consecuencia, lo que la práctica analítica ofrece para orientarse en la clínica frente al sujeto efecto del discurso capitalista, es el síntoma como singularidad de goce, ya que los semblantes convocados fracasan en la inscripción del goce en juego del propio cuerpo, porque siguen estando en el Otro. Es lo que ilustran los testimonios de quienes finalizaron su análisis, los que dan cuenta del efecto en el ser hablante de la increencia en ese Otro, y de la identificación a su identidad sinthomal que incluye su singular forma de gozar, y con ello arreglárselas con la muerte y la sexualidad de otra manera.


[1] https// www.el tiempo.com/cultura/niño-genio-Laurent-simons-quiere-ser-inmortal.com-robot_6011740