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El colmo de erotismo femenino.

Después de la “Era Lorena Bobbit” el cronista Jorge Martillo reconoció en la vida en pareja una situación de peligro y en su “Sexálogo” aconseja a los hombres: “Déjate de andar diciendo bravuconadas, que cuchillos hay en todas las casas” (Espol, 2010).

Hernán Zuñiga, por su parte, representó como ‘La adolorida de Bucay’ a Lorena: mujer vulnerada que hizo realidad una amenaza de castración, siendo juzgada por “castración con alevosía”. La obra ganó una mención de honor en el Salón Municipal (1994), pero el alcalde declaró que no se exhibiría hasta su muerte, y así fue: se expuso en “Contaminados” (MAAC, 2018).

Miller dice que el “Woke” implicaría: “La idea de exorcizar la lengua a toda fuerza y expulsar el demonio del patriarcado… Como si… una vez dispersado el Leviatán, el único vínculo social que queda es la lucha universal a muerte”.

Quizás podamos acercarnos a los fundamentos de esta “idea” desde la conjetura de Lacan al ver la película El imperio de los sentidos: “El erotismo femenino, llevado a su extremo (…) es el fantasma de matar al hombre”.

Hoy la queja femenina en Twitter es: “harta de que nos gobiernen los onvres”, y en su escritura misma buscan hacerlos caer (como al patriarcado) de la b (grande) a la v (pequeña).