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Hombres, mujeres, niños, niñas, los llamados homosexuales, heterosexuales, transexuales, todos en algún momento de sus vidas viven esa extrañeza respecto al propio cuerpo, ya sea radical o parasitaria, pero siempre instalando una ajenidad en el ser hablante.

Con Lacan y en particular con sus últimos desarrollos, tenemos una brújula: no somos un cuerpo, tenemos un cuerpo. Y un cuerpo marcado por el significante que hace de él, desde los momentos iniciales de la vida del parlêtre y más allá de la biología, un cuerpo vivo. Con esa brújula hacemos lugar a esa incidencia del significante, a eso que nombramos como trauma de la lalengua sobre el cuerpo, para pensar un cuerpo que se goza y que esto no es fuera de una posición sexual en ese ser hablante.

Hablar de goce es nombrar una satisfacción en el cuerpo del Uno que hace de éste, Otro para sí mismo. Fundamento de la extrañeza del parlêtre respecto a su cuerpo, allí donde éste es experimentado como alteridad, “…disyunción fundante y estructural que recorta un muro no subsumible por la vía significante”[1]. Y es en la contingencia de un encuentro fallido con el partenaire sexual, en la eyaculación precoz que sorprende al deseante, en la inhibición del acto en un parlêtre asaltado por imágenes homosexuales, en la frigidez transitoria de una mujer…allí el encuentro con lo real siempre traumático para el ser hablante. Encuentro del que la posición sexual no es ajena, definida ella en la conjunción entre lo que Lacan llama “la exigencia del estilo de deseo”[2] y el goce, “decisivo en la posición y la experiencia de cada sujeto sexuado”[3]. Interesante conjunción cuando el estilo de deseo abre una hiancia, una división en el parlêtre por la que está por entero expuesto al deseo del Otro, mientras el goce resulta lo más singular, ese Uno al mismo tiempo éxtimo al parlêtre.

Bassols añade una complejidad al tema: “Puede parecer una paradoja, pero en el ombligo más real del cuerpo del goce y de la sexualidad hay un objeto que es a-sexuado.”[4]  “… siempre fuera de género (ni masculino ni femenino, ni heterosexual ni homosexual) sin ninguna cualidad que lo haga esencial”…“Es el objeto que anida en las fantasías de cada uno, el objeto también de sus goces y adicciones, tan pegado al cuerpo que llega a ser una parte de él”.[i] ¿Acordaríamos con Lacan cuando, lejos de proponerlo como un ideal, dice de él resto, desecho… pero, así mismo, causa?

Las XII Jornadas de la NEL serán el marco para despejar esta paradoja, articulada a los modos de deseo y goce que tiñen de colores a las ¿sexualidad(es)?

 

Susana Dicker

Sección NELcf – Guatemala


[1] Husni, Paula- “Eludir la sexuación: una parodia imposible” en Revista lacaniana de psicoanálisis, # 30 EOL, 2021, p 67

[2] Lacan, J- Seminario 1 Los Escritos técnicos de Freud, Paidós 1985, p 323.

[3] Bassols, M- La diferencia de los sexos no existe en el inconsciente, Grama Ediciones 2021, p42

[4] Bassols, M- op Cit, p 43

[i] Bassols, Miquel- Op Cit, p 41