Project Description

En otra época la pornografía representaba la otra escena. Hoy se encuentra en los medios de comunicación masiva. Se encuentra “a la mano” es decir, a un toque del mouse.  Se define de muchos modos: “Exhibe el coito hecho espectáculo, es casi una intrusión, una incitación, a la provocación, al forzamiento, pero también un fantasma filmado con la variedad apropiada para satisfacer los apetitos perversos en su diversidad”[1]… “Es un mal decir de las cosas del sexo. Un mal decir en cuanto sacrifica la nada más allá del objeto y un mal decir porque ignora las palabras de la enunciación subjetiva”.[2]

Sabemos que no hay modo de representar la relación sexual; sin embargo, es un hecho que la pornografía constituye un modo de arreglársela con el goce en los sujetos actuales. Ejerce por medio de la pulsión escópica una fascinación lograda porque apunta a través de la imagen al goce puro del espectador, un goce en el cuerpo.  El cuerpo se encuentra apto para ser en sí mismo una superficie receptiva no solo al Otro del significante sino al otro de la imagen, tal como veíamos en la serie Black Mirror. Y la pulsión es lábil en cuanto a su relación con el objeto, siempre obtiene satisfacción. Miller sostiene que el sexo débil, en cuanto al porno, es el masculino por cuanto cede con más facilidad. De este modo, podemos leer que no solo se sienten aliviados de tener que crear ellos mismos sus fantasías y sus sueños sino también de hablar al otro, de la enunciación subjetiva. “Por lo común la ceremonia de ambos lados de la pantalla se lleva a cabo sin palabras: suspiros o gritos de placer”. Se trata de sujetos que terminan en el desencanto, la brutalización y la banalización, un cero de sentido en relación a la vida, a la palabra y al cuerpo.

Esto que acontece abre diferentes respuestas. Sujetos que hipnotizados y cosificados en esta solución no muestran ninguna necesidad de salir de allí, no hay un llamado al Otro: “El problema parece otro cuando la enfermedad que aqueja al sujeto supuesto saber es el escepticismo… la actualidad muestra una incredulidad frente al Otro, estaríamos ante un descreimiento en el sujeto supuesto saber que no es del discurso analítico sino previo, un desabonamiento del inconsciente que no dirigiría el síntoma hacia el analista, de quien ya no habría  nada que esperar en términos de saber. Se entiende que es una enfermedad mortal para el psicoanálisis.”[3] Esta actitud genera la pregunta sobre la existencia del inconsciente y remite a la reflexión en torno a la acción lacaniana.

La otra respuesta es cuando la pornografía constituye un síntoma. “Es síntoma de este imperio de la técnica que extiende su reinado sobre muchas civilizaciones. Está presente en los análisis, hace más de quince años, es una clínica de la pornografía”.[4]

Para Miller, si lo real del vínculo social es la inexistencia de la relación sexual, se acepta que el síntoma es el lazo social. Un síntoma logra dar forma al malestar y a la angustia para demandar a Otro. La idea del psicoanálisis es dar lugar a que el síntoma sea alojado lo cual permite detener el imperativo superyoico de goce en la época actual. Pero aquí también hay que elaborar qué saber podemos extraer de esta clínica pornográfica.

Mercedes Iglesias
Miembro de la NELcf y de la AMP


[1] Miller, J. A. ‘El inconsciente y el cuerpo hablante’ en Scilicet Presentación del Congreso de 2016.

[2] Francesconi, P. ‘Pornografía’ en  Scilicet El cuerpo hablante, Grama, 2015.

[3] Brodsky, G. ‘Las enfermedades del sujeto supuesto saber’ en: http:/www. eol.org. ar/home.asp

[4] Miller, J. A. Op.cit.