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Felipe Maino

Invitado por la Comisión Científica a investigar el tercer eje de nuestras XII Jornadas, “Elección de objeto: ¿qué se elige?”, me ha parecido oportuno situar el concepto freudiano de Anlehnungstypus, traducido como “tipo anaclítico”, también como “apuntalamiento”. Recordemos que este concepto -si bien tiene antecedentes anteriores a 1914-, se pone en forma en “Introducción del Narcisismo” y es articulado por Freud para pensar la elección de objeto, en particular aquella “en que el niño (y el adolescente) elige sus objetos sexuales tomándolos de sus vivencias de satisfacción. (…) Las pulsiones sexuales se apuntalan al principio en la satisfacción de las pulsiones yoicas”.[1] Es desde esa definición que Freud precisa un segundo tipo de elección, “el tipo de elección de objeto que ha de llamarse narcisista”, concluyendo de este modo: “todo ser humano tiene abiertos frente a sí ambos caminos para la elección de objeto, pudiendo preferir uno o el otro. Decimos que tiene dos objetos sexuales originarios: él mismo y la mujer que lo crió”.[2]

Más allá de los desarrollos que le permite a Freud esta propuesta dual, me interesa situar el apuntalamiento como una operación electiva y, con esto, precisar las coordenadas de esta insondable decisión que define un punto de apoyo. Contra qué apoyo decidamos fundar nuestra posición de sujetos, me parece, tendrá consecuencias sobre la asunción de una posición sexuada y, aún más, lecturas distintas de lo que es la sexualidad, distinciones con que me animo a explorar ese plural interrogado en el título de las próximas jornadas de la NEL: ¿Sexualidad(es)?

Apoyo contra -que es el sentido etimológico del término anaclítico, del griego ana: contra, klínein: inclinarse, acostarse-, es una formulación cuestionada por Lacan, pues en Freud el término Anlehnung tiene más el carácter de necesidad de apoyo, relación de dependencia. Sin embargo, parece ser Lacan quien da carácter de apoyatura a lo anaclítico, un posicionarse sobre ciertas coordenadas. Es ese el desconocimiento que acusa en Freud, desconocer “la posición de los elementos intersubjetivos” que definen la relación anaclítica como posición infantil, posición erótica.[3] Lo que está en juego, enseña Lacan en el seminario La relación de objeto, es el falo, y la relación de dependencia está más bien en la madre que hace del niño “objeto fálico”, “necesidad por parte del Otro” que “constituye la esencia de la relación anaclítica”.[4] Queda establecido que no son las necesidades biológicas del niño las que fundan esa relación, como ubicaba Freud, sino el apuntalamiento del niño en las redes de la significación fálica.  Esto tiene consecuencias, diría, en la perspectiva objetal y en cómo se decide leer la sexualidad (cabe mencionar aquí que “elegir” remite al verbo latino legere: escoger, leer). Una consecuencia es la relación de objeto propuesta por Lacan en los años 56-57, donde lo “pregenital”, queda situado “respecto al Edipo” (…) en el cual desde el origen los objetos (…) oral, anal, se toman por algo distinto de lo que son.”[5] Por supuesto, las coordenadas edípicas gobiernan desde temprano la teoría freudiana y, si bien Lacan articula mejor la lógica anaclítica, es ya Freud quien da a la sexualidad “un carácter enteramente masculino” atribuyendo naturaleza masculina a la libido.[6] Se trata, podríamos decir, de un sujeto en relación con sus objetos ya a-puntalados en la estructura significante.

Strachey acota, en sus notas de traducción, que, desde el inglés, se optó por la expresión “anaclítico” en analogía con el término gramatical “enclítico”, que designa las partículas átonas que se unen a una palabra anterior para formar una nueva palabra.[7] Esto da una pista de lectura. Lacan señala en el seminario 19: “Se -subrayo ese se (…)- se goza solamente del Otro. (…): del Otro sólo se goza mentalmente.[8] Entonces, estimo posible una escritura en lógica enclítica, enfatizando la partícula “se”: Goza-se. Se apuntala ahí un modo de articularse al Otro, al goce. Toda la cuestión es de qué Otro se trata, qué perspectiva objetal pone en juego este apuntalamiento y qué modalidad de goce.

No por nada debo primero apoyarme en el Otro. El Otro, escuchen bien, es entonces un entre, el entre que estaría en juego en la relación sexual, pero desplazado, y justamente por interponerse como Otro [s`Autreposer]. Es curioso que al plantear ese Otro, lo que debí proponer no concierne más que a la mujer. Ella es por cierto la que, de esa figura del Otro, nos brinda la ilustración a nuestro alcance, por estar, según lo escribió un poeta, entre centro y ausencia.[9]

Se lee ahí la apoyatura, el se poser (poner-se) respecto del Otro, pero articulando ahora dos vías en ese apuntalamiento: centro y ausencia, y anuncia una figura del Otro concerniente a la mujer. Dirá Lacan que el centro es la función fálica, y que la ausencia la deja de lado, no siendo “menos goce por ser gozoausencia”.[10] Se anuncia, entonces, una elección, que mueve la conclusión desde lo masculino/fálico a lo femenino/ausencia. ¿Qué se elige en esta otra elección y respecto de qué perspectiva objetal?

En una reciente conferencia dictada por Miquel Bassols hacia las XXX Jornadas de la EOL – jornadas tituladas “Lo femenino fuera de género”-, él situaba el objeto a como a-sexuado por responder a otra lógica que la lógica binaria de género hombre/mujer; más bien un litoral para hombres y mujeres (éxtimo) con una cara fálica y otra cara vacía. Daba, para ilustrarlo, con la notable figura del disco de Odín del famoso cuento de Borges. La perspectiva que esto abre -perspectiva propia de Lacan a partir de los años 70-, amplía, suplementa la lectura del Anlehnung, la lectura de las posibilidades de apoyatura para la elección de objeto. El apoyar contra que se leía en Freud ya antes de 1914 -recogido como tipo anaclítico y que recibió la critica recurrente de Lacan-, vuelve a leerse al final del seminario 23: “uno se apoya contra un significante para pensar”.[11] Puede leerse también, en la misma clase, que “este nudo es un apoyo para el pensamiento”.[12] Se trata de escrituras que anudan lo real; ahí Lacan introduce el neologismo “apensamiento”.[13] Dirá que eso requiere una escritura sostén, que sostiene un hueso, un “osbjeto”. El objeto elegido aquí (y me animo a proponer cierta equivalencia entre el a-puntalamiento y el a-pensamiento) es el objeto a, que introduce una escritura “en tanto otra”.[14] Lo que apuntala ahí, la modalidad contra la que nos apoyamos, habilita una dimensión otra del objeto, otra asunción sexuada, entonces, no regida por la regla fálica, pero elección al fin, no sin objeto. Leemos en el seminario El sinthome: “Pero es un hecho que Joyce elige, por lo cual es, como yo, un hereje”.[15] Concluiré aquí insistiendo sobre la pregunta del tercer eje de nuestras jornadas, ¿qué se elige? Quizás podamos, ahí, responder con Lacan: ser “hereje de la buenas manera” por usar el sinthome lógicamente, “usarlo hasta alcanzar su real, al cabo del cual él apaga su sed”.[16]


[1] Freud, S. “Introducción del narcisismo”, Obras Completas, Vol. XIV, Buenos Aires, Amorrortu, 2000, p. 84.

[2] Ibíd. p. 85.

[3] Lacan, J. El seminario, libro 4, La relación de objeto, Buenos Aires, Paidós, 2001, p. 85.

[4] Ibíd. p. 86

[5] Ibíd., p. 56.

[6] Freud, S. “Tres ensayos de teoría sexual”, Obras Completas, Vol. VII, Buenos Aires, Amorrortu, 2000, p. 200.

[7] Freud, S. “Introducción del narcisismo”, óp. cit., n. 9, p. 84.

[8] Lacan, J. El seminario, libro 19, … o peor, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 110.

[9] Ibíd., p. 118.

[10] Ibíd. p. 119.

[11] Lacan, J. El seminario, libro 23, El sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 153.

[12] Ibíd., p. 142.

[13] Ibíd.

[14] Ibíd., p. 143.

[15] Ibíd. p. 15.

[16] Ibíd.