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La pregunta por la diferencia sexual sigue teniendo vigencia aún, con diversas respuestas y modos de presentación en la época.

Freud en su Texto Tres Ensayos de 1905 discute la doctrina de la bisexualidad de Krafft-Ebing que intenta responder a la diferencia sexual, ¿se trataría de “un cuerpo femenino en un cuerpo masculino”? Responde: “Sustituir el problema psicológico por el anatómico es tan ocioso como injustificado”[1] Vemos cómo vislumbra que no hay una necesaria correspondencia entre lo psíquico y lo anatómico. Veinte años después en “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre sexos”[2], intenta dar cuenta de las diferencias entre la niña y el niño, a partir del Edipo y la diferencia anatómica.

Ante el escollo a que llega Freud entre anatomía y diferencia sexual, Lacan toma otro rumbo. Las posiciones sexuadas son abordadas más allá de la diferencia anatómica, aun no prescindiendo de ella.  No se trata de una división natural sino que en tanto entramos en el lenguaje, los seres que hablan asumirán la posición de un lado u otro de las fórmulas de la sexuación, parte llamada hombre y parte llamada mujer, dirá Lacan en el seminario 20.  “No hay nada en el ser humano que asegure la existencia de una diferencia entre los sexos para establecer después una relación, normativa o no, entre ellos”.[3]

La interrogante también es tomada por las teorías de género. J. A. Miller en su conversación con Eric Marty nos pone al día respecto a cómo hoy se juega la partida en dichos autores: “Lo que caracteriza a los autores del género-me gustaría saber si estás de acuerdo con esta idea, pero creo que sí, ya que la encontré expresada en tu libro- es el rechazo, la negación, la anulación de la oposición hombre/mujer, diferencia sexual. Esto explica por qué el transexual es un verdadero obstáculo epistemológico para ellos, ya que nadie cree más en la diferencia sexual que un verdadero transexual. Evidentemente, esto contrasta con lo que llamas “la proliferación en principio ilimitada de posibilidades de género”[4]

¿Se resuelve la pregunta por la diferencia sexual vía su anulación o por medio de una serie ilimitada de géneros? No es sólo una discusión teórica sino que es parte del debate político actual, teniendo consecuencias en las prácticas sociales y la subjetividad de la época.

Y el Psicoanálisis toma posición, no se trata de una respuesta totalitaria, homogeneizante ni del sin límites al infinito.  Lacan va más allá del Edipo y del binario castración-falo, la lógica del significante, en tanto sistema de diferencias, para ir a los modos de gozar, la lógica de lo singular, lo “queer”, lo extraño, lo raro en cada uno. Bassols señala: “Cada forma de goce tomada en su singularidad es, de hecho, un goce queer, torcido en relación a la norma fálica”.[5]

Paula Iturra
NEL – Santiago


[1] Freud, S. “Tres Ensayos de una teoría sexual” Obras Completas, Vol. VII, Ed. Amorrortu, Bs.As. 2000, p. 130

[2] Freud, S. “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre sexos” Obras Completas, Vol. IXX, Ed. Amorrortu, Bs.As. 2000

[3] Bassols, M. “La diferencia de los sexos no existe en el inconsciente”, Grama Ediciones, Bs. As.2021, p. 25

[4] Miller, J. A. Lacan y el género, en https://elp.org.es/entrevista-de-jacques-alain-miller-a-eric-marty-sobre-el-sexo-de-los-modernos/

[5] Bassols, M. “El goce es queer por definición” en Feminismos,EOL-Grama, Bs.As. 2018, p. 88