Project Description

José Fernando Velásquez
AME, Miembro de la NEL y de la AMP

En nuestro propósito de abordar al niño en el “laberinto de la sexualidad”, es necesario y provechoso, inscribirlo en el lazo social donde se manifiesta.  Las sexualidades son formas de goce a las que se otorga un uso social a través de las prácticas generales, propias de cada época, lugar o grupo social. La sexualidad en nuestra región sigue siendo un tema tabú, más cuando se refiere a la sexualidad del niño y del adolescente, y todavía mayor cuando se trata del niño y el adolescente frente a la diversidad sexual. Estamos en una región donde las frases como “prefiero un hijo muerto que uno marica”, o “ella es lesbiana porque ha sido mal cogida”, son frecuentes y se convierten en imaginarios compartidos colectivamente como medios para construcción de identidades, en las cuales subsisten prejuicios.

La sexualidad del niño y del adolescente ha sido inscrita en los discursos que la reducen a la prevención, restringiendo al mismo tiempo la noción de sexualidad a una sexualidad peligrosa.

  1. Sería útil recoger lo que nuestra historia y nuestra composición social tienen inscrito en sus discursos singulares, respecto a la sexualidad del niño y del adolescente.
  2. ¿Qué prácticas sociales en relación a la sexualidad de los niños y adolescentes, son las que caracterizan o son tradicionales en nuestras comunidades?, ¿Son singulares en cada grupo o lugar, por ejemplo, en comunidades afro, indígenas, campesinos, citadinos? ¿Cuáles discursos y prácticas persisten y cómo se permean esos discursos con los significantes del sujeto globalizado contemporáneo?
  3. ¿Cómo figura la sexualidad del niño y del adolescente en los enunciados del derecho internacional y nacional, los académicos, y en las instituciones de protección al niño y al adolescente?

El Otro social con sus discursos, al cultivar una pauta de distinciones y modos de comportarse, construye dos rutas que guían al niño-parlêtre en el campo sexual: los deseos y los actos. Al nombrar distinciones sexuales, se crean artefactos significantes que se apoyan en el mecanismo de identificación que deriva en agrupamientos, que pueden ir desde el grupo y la tribu, hasta las instituciones y redes de numerosos adherentes. Allí los sujetos encuentran un prójimo que les ayuda en el trámite para inscribir un goce en el lazo con otros, y donde hay reconocimiento y reciprocidad, es decir, todo lo que se consigue a partir de la significación fálica.

El tallado social sobre el deseo del niño y el adolescente, como seres de goce, genera un mundo realzado mediante nuevos y potenciales objetos de deseo, aspiración, objetos idealizados en los medios, y, en consecuencia, actos o conductas de identificación, adicción, inhibición, competición y consumo. Somos testigos del quiebre de las expresiones sociales, familiares, institucionales que se apoyaban en una fe en la tradición y universalización del género por la vía de la identidad sexual y de género. El derrumbe del Nombre del Padre conlleva una pérdida de la consistencia de esas clasificaciones identitarias tradicionales, por una forma más “irreverente”, “desregulada” e “inestable” de llevar su sexualidad, y expuesta a los efectos de segregación y xenofobia que para el niño y el adolescente se conoce como bulling. Los nuevos nombres y clasificaciones que otorgan identidades, se ofrecen a niños y adolescentes, como identidades listas para el consumo. Es por ello que escuchamos a púberes (de menos de 12 años) que ya se declaran bisexuales, transexuales, etc. El discurso ofrece medios y formas de consumo que responden a imaginarios que comportan el moldeamiento del objeto sexual, y a una fetichización del semblante. El Internet, más que cualquier otro tipo de medio masivo, cumple con una simbolización e imaginarización, pero direccionadas, amañadas, imperativas en ocasiones, esculpiendo formas de expresión de un goce compulsivo y adictivo. El fácil acceso, el anonimato parcial, y la disponibilidad que ofrece Internet atrae tanto a niños como adultos que quedan atrapados en este tipo de efectos que nombran al sujeto y moldean los objetos.

  1. ¿Cuáles son las transformaciones más notables de las costumbres, tradiciones o discursos, (música, tic toc, juegos, comerciales, noticias, etc.) que encontramos en nuestra clínica, las instituciones y en los medios, respecto a la sexualidad del niño y del adolescente?
  2. ¿Qué escuchamos en niños y adolescentes sobre su relación con los nombres que encuentra en el discurso social?
  3. Reconocer cómo es que el niño es “fetiche” en el discurso contemporáneo, en las redes, en el Internet, en el mercado. Y cómo es que el objeto “fetiche”, desde el chupón hasta el play station, son ofertados al goce del niño y el adolescente.

El modelo propuesto por Rousseau y luego realizado durante la Ilustración, consideraba que el hombre se forma en la infancia, y lo hace de acuerdo a los estímulos que la sociedad le va generando, por lo que la Sociedad debería responsabilizarse del niño, de su cuidado y de su educación. Ahora el discurso social está advertido a medias: el discurso social es consciente que el niño puede ser fácilmente objeto de goce sexual. Hay escándalos por todo lado, en todo espacio, en las familias, en colegios y guarderías; y, entonces se quiere educar, legislar, prevenir.

  1. El niño y el adolescente como objetos de abuso: ¿comercial, de mercado, de goce sexual? La venta de virginidades, los tours sexuales con menores, la pornografía, la pederastia.
  2. La educación de lo sexual: ¿Esta política es necesaria, es un requisito, es un imposible…?
  3. ¿Qué experiencias dan cuenta del intento del Otro social por educar, formar, capacitar, prevenir en el campo de lo sexual, en la infancia y la adolescencia?

Decimos a medias, porque aún se ignora la dimensión pulsional del niño. El problema es que ese niño no es aún reconocido como ser sexuado, además de no ser tenido en cuenta el valor de su palabra, lo que lo deja en condición de objeto inerte a los designios del Otro. La sexualidad en el niño no fue reconocida hasta que Freud se atrevió a pesquisarla, localizarla y evaluar las consecuencias para la vida del adulto, pero eso no domina el discurso contemporáneo. El psicoanálisis es posible para el niño y el adolescente en la medida en que reconoce en cada uno un hablante ser de goce, un parlêtre, con todas sus condiciones y características. Ese niño en su condición de parlêtre, de ser de goce que tiene un cuerpo, está afectado por la pulsión, por un empuje que se experimenta como exigencia, y es traumática en la medida en que para el sujeto que la padece es un requerimiento mayor a lo que es capaz de responder por la vía de lo que como organismo podría ofrecer. Durante la infancia, el parlêtre tendrá encuentros y desencuentros con nuevas formas de goce, lo que irá a fundar una relación singular con el goce sexual, la cual puede ser determinada no solo por el órgano sexual, la identificación a un género, a una imagen o a una práctica expresa, sino también por un acontecimiento en el que esas piezas se anudan. El encuentro o desencuentro con los goces adquieren siempre una condición de “Traumatismo”. En unos niños encontramos el sufrimiento y la angustia, como en Juanito, señal de que hay una forma de goce en juego que desestabiliza una homeostasis previa. En otros los vemos aferrarse con una fe ciega en lo singular, en posición de certeza, soberanos, pero encerrados en su aldea de goce, despegados, auto-sostenidos, independientes y que no se unifican al curso de lo social.

A pesar de que Freud iba en la dirección de pretender una organización sexual infantil en la salida del Edipo, nos dice algo al margen: que lo no triturable por la maquinaria edípica reclamará su “resarcimiento” en los avatares de la relación con los objetos.

  1. ¿Qué singularidades encontramos en las demandas contemporáneas de atención de niños y adolescentes sobre el tema de su sexualidad?
  2. ¿Qué podemos reconocer de la singularidad de la pulsión en la clínica con niños y adolescentes? ¿Cómo verificamos aquello de que la pulsión es un “concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático”, según lo señala Freud?
  3. ¿Qué efectos comunes pueden observarse en la sexualidad del niño y del adolescente, de la prevalencia de hogares monoparentales encabezados por las madres? La errancia y el desengaño del niño o del adolescente respecto al goce materno, y su amenaza de castración.
  4. Documentar las expresiones del niño y el adolescente bajo transferencia, cuando exigen y tienen conductas frente a lo sexual, reclaman una identidad, su relación con lo que hace grupo, y movimientos de conquista por el reconocimiento y el derecho a diversidad de goces.
  5. Cada caso clínico, como en Juanito, da cuenta de cómo se logra ubicar la condición de goce de cada niño, el “trou-matismo”, sus derivas, sus mutaciones, y los arreglos sintomáticos. La práctica del psicoanálisis enseña a inscribir el síntoma de cada niño en el lazo familiar en donde se manifiesta, para luego seguir su huella hasta un límite. ¿Qué lecturas del síntoma en singular, son posibles de documentar en la práctica psicoanalítica?

El goce pulsional no es digerible por lo Simbólico y lo Imaginario; es perverso polimorfo y tiene un carácter de residuo que no puede cambiarse[1]. La huida no tiene ninguna utilidad para cancelar su efecto; debe renunciarse al propósito de mantener alejados los estímulos. Allí surge la angustia, ante la incapacidad para tramitar el estímulo pulsional[2]. La única posibilidad es proveerle la satisfacción que busca, lo que obliga al niño a modificar el mundo exterior para satisfacerla.

La vida del parlêtre niño gana consistencias psíquica y social, en la medida en que, a partir de una serie de imposibilidades propias, el sujeto debe dirigirse a otro, decir al otro, desear del otro, demandarle al otro, y también ser demandado y deseado por otro. Es decir que el niño para poder hacer con su goce real, debe saber leer el goce de los otros, leer el lugar de objeto que ocupa en la hiancia del goce del otro, y además separarse para consentir a sus propios goces, y responder con lo que para él será siempre una solución sintomática.

En el texto de “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada, Un nuevo sofisma”, Lacan nos dice: “si bien en esta carrera hacia la verdad, se está solo, si bien no se es todos cuando se toca lo verdadero. Ninguno sin embargo lo toca sino por los otros”[3].

  1. ¿Qué es lo que lo condiciona al niño o lo sostiene frente a la insondable libertad que implica el derecho al uso de su goce sexual?
  2. Lacan dice sobre la incidencia de tener una cierta madre y un cierto padre en el caso de Juanito. Entonces las orientaciones de Lacan en la Nota sobre el niño y en la Alocución sobre las psicosis en el niño, ¿cómo las verificamos en la clínica del caso por caso?

Además de tratar de responder a cada una de las preguntas antes enunciadas, conviene hacer un recorrido por unos puntos cruciales de la enseñanza de Freud y de Lacan, que pueden ser la ocasión para el debate teórico clínico en las mesas a realizar en nuestras XII jornadas de la NEL dentro del Eje 1.

Proponemos adicionar trabajos que se incluyan en estas 2 vertientes.

  1. Volver a Freud y recorrer con él su concepción de la sexualidad infantil.
  • De la teoría de la seducción al descubrimiento del complejo de Edipo[4].
  • La concepción de la pulsión perversa polimorfa en el niño.
  • La relación de la sexualidad infantil con la neurosis.
  • Freud y la organización sexual infantil, diferencias con Abraham y los Postfreudianos.

 

  1. La sexualidad en el niño lacaniano,
  • El niño efecto de goce, en el que el organizador fundamental es el Otro: Prevalencia del espejo, el objeto y la identificación: El niño consagrado a buscar en el Otro, la significación de lo que le falta.
  • Aquello que, de la pulsión en el niño, no cede a la falicización[5]: El objeto “a”, el corte y el borde pulsional.
  • El niño: De ser el falo, a ser el objeto “a” de la sexualidad femenina.
  • Sexualidad infantil, la identificación al Padre Real o “pére-versión”, y “el trou-matismo”.

[1] Miller, J. Dos dimensiones de la experiencia analítica: Síntoma y fantasma. En: Introducción a la clínica lacaniana. RBA Libros. Barcelona. 2006.

[2] Freud, Sigmund. Inhibición, síntoma y angustia. En Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu, 1980, vol. XX. Páginas 73-164.

[3] Lacan, J. “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada, Un nuevo sofisma”. En: “Escritos Uno”. Siglo XXI Editores. Bogotá.

[4] Freud, S. Cartas a Fliesse.  69, 70 y 71) Estas cuestiones lo llevan a elaborar que en los niños pequeños operan impulsos sexuales sin ninguna necesidad de estimulación externa. Las pulsiones se dirigen hacia cualquier objeto que pueda proporcionar placer; además, la estimulación no tiene por qué limitarse a los genitales, sino que todas las partes del cuerpo son susceptibles de recibir gratificación.

[5] Miller, J. A. La angustia lacaniana. Buenos Aires, Paidós. 2007. pág. 48.