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Eje No. 1. Infancias y adolescencias en el laberinto de la sexualidad.

Con su concepto de pulsión, Freud subvierte toda idea de una sexualidad instintiva ordenada con exclusividad por un sexo anatómico- biológico, abriendo así un nuevo capítulo en la conceptualización de la sexualidad en el ser que habla. Ante la pérdida fundamental del objeto de la necesidad, Freud aporta la noción de pulsión, que es parcial y busca siempre su satisfacción. A su vez, con el nombre de “perverso polimorfo”, nombra lo particular de una posición del infante respecto a su manera de acceder a dicha satisfacción. Frente a las exigencias propias de la sexualidad infantil, se inscribirá para cada uno, la singularidad de lo real pulsional con que cada sujeto tendrá que vérselas y arreglárselas en la vida. En esta perspectiva se trata para Freud de un niño activo, laborioso investigador de la sexualidad ante la cual construye teorías, inventa fantasías, para explicar entre otros el origen, el nacimiento y la diferencia de los sexos.

Con Lacan se radicaliza la posición del niño como un trabajador por excelencia. Trabaja para hacerse un cuerpo sexuado, para hacerse cargo de las cosas extrañas que le suceden, que vive y experimenta desde lo real, lo imaginario y lo simbólico. Bajo la forma, del traspié, del fracaso o del exceso, cada uno inventa maneras de hacer con ese real pulsional que irrumpe, primero en la infancia, y luego, en ese tiempo que llamamos pubertad.  Se trata de un verdadero traumatismo sexual que insiste para el ser que habla. Trauma del encuentro del cuerpo con lalengua, que deja trazos, huellas de goce ante lo cual cada uno arma su defensa e inventa su propia y singular respuesta, ante al agujero que cabó el trauma.

Si bien frente a ello estamos cada uno estructuralmente solos, el pequeño infante, dada su condición de desvalimiento y desamparo, requiere para su supervivencia de un otro, Otro al que el pequeño consiente o no sujetarse, alienarse, tomando un papel fundamental en su constitución. ¿Qué Otro en este siglo XXI? E. Laurent –en su texto “El psicoanálisis y la crisis de control de la infancia”[i]  subraya que la experiencia de la infancia en nuestra época es mas solitaria que en el siglo XX. Consecuencia, en gran medida, de las profundas reconfiguraciones familiares, hoy los niños pasan más tiempo en los chats, internet, juegos en red, solos frente a las pantallas. Miran, pero a la vez son mirados por ellas instalando una dependencia que él reencontrará más tarde en la oferta de mercado donde el niño mismo es el objeto: objeto de goce. Esta dimensión, es una experiencia de nuestra época, más clara que antes gracias a lo que permite la biología: una ruptura entre filiación y producción del niño. Esto a su vez interroga la posición del niño como ideal en el deseo de los padres. Cada dimensión conlleva hoy sus propias problemáticas. Pero esta dimensión de objeto de goce, hoy más fuerte, no es sin consecuencias y es lo que la experiencia y la práctica clínica nos muestra. Por una parte, está el goce del niño; por otra, el niño mismo como objeto de goce.

Desprendido de los ideales de la infancia que vehiculizan los discursos de la época que buscan domeñar el goce, para educarlo, clasificarlo, nombrarlo, ¿qué analista hoy? Que la apuesta por la restitución de su saber, -el del niño-, prime sobre el saber del Otro, resulta fundamental en una ética y una práctica que se orienta por lo real…

Laura Arciniegas S.
NEL Bogotá


[i] Laurent, E., El psicoanálisis y la crisis de control de la infancia, Revista electrónica de la Facultad de Psicología UBA, 2011, http://intersecciones.psi.uba.ar