BIBLIOGRAFÍA

Freud, S., (1986) Obras Completas, Amorrortu, Bs. As., Argentina

  • “Sobre las trasposiciones de la pulsión, en particular del erotismo anal”, vol. XVII, pp. 113-124.

  • “Más allá del principio del placer”, vol. XVIII, pp. 1-62.

  • “Psicología de las masas y análisis del yo” (Capítulos: La identificación, Enamoramiento e hipnosis), vol. XVIII, pp. 99-110.

  • “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”, vol. XVIII, pp. 137-164.

  • “Sobre algunos mecanismos neuróticos en los celos, la paranoia y la homosexualidad”, vol. XVIII, pp. 213-226.
  • “La organización genital infantil”, vol. XIX, pp.141-150.

  • “El sepultamiento del complejo de Edipo”, vol. XIX, pp. 177-188.
  • “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos”, vol. XIX, pp.259-276.

  • “Fetichismo”, vol. XXI, pp. 141-152.

  • “Sobre la sexualidad femenina”, vol. XXI, pp. 223-244.

  • “33 Conferencia: La feminidad”, vol. XXII, pp. 104-125.

  • “Análisis terminable e interminable”, vol. XXIII, pp. 211-254.

CITAS

EJE 2

“La explicación es la siguiente: Cuando la desilusión se abatió sobre ella, la muchacha se encontraba en la fase del refrescamiento, en la pubertad, del complejo infantil de Edipo. Se le hizo consciente a plena luz el deseo de tener un hijo, y que fuera varón; que este debía ser un hijo del padre y la réplica de él, no le era permitido como saber consciente. Pero en eso sucedió que recibió el hijo no ella, sino la competidora odiada en lo inconsciente, la madre. Sublevada y amargada dio la espalda al padre, y aun al varón en general. Tras este primer gran fracaso, desestimó su feminidad y procuró otra colocación para su libido”.

“La postura libidinal ganada así no hizo sino consolidarse cuando la muchacha notó cuán desagradable le resultaba al padre. Desde aquella primera reprimenda causada por una aproximación demasiado tierna a una mujer, ella sabía con qué podía ofender al padre y vengarse de él. Ahora seguía siendo homosexual por un desafío contra el padre. Tampoco se hizo escrúpulos de conciencia por engañarlo y burlarlo de todas las maneras. Con la madre sólo fue insincera hasta donde era preciso para que el padre nada supiese”.

Sigmund Freud, “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”, Obras completas, vol. XVIII, Bs As, Amorrortu, 1986, p. 150-152.

“He dicho que la muchacha adoptó con relación a la dama venerada el tipo masculino del amor. Su humillación y su tierna falta de pretensiones, ‘che poco spera e nulla chiede’;* su felicidad cuando le era permitido acompañar a la dama un poquito más y besarle la mano al despedirse; su regocijo cuando alababan la hermosura de aquella, mientras no se le daba un ardite que terceros reconocieran su propia belleza; su peregrinación a lugares donde la amada había residido alguna vez; el silenciamiento de los deseos sensuales más atrevidos: he ahí otros tantos pequeños rasgos que tal vez convendrían al primer entusiasmo pasional de un jovencito por una artista célebre a la que cree muy por encima de él y hasta la cual, cohibido, apenas osa elevar su mirada…”
*[‘Que espera poco y nada pide’]

Sigmund Freud, “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”, Obras completas, vol. XVIII, Bs As, Amorrortu, 1986, p. 153.

“Reconocer el factor orgánico de la homosexualidad no nos dispensa de la obligación de estudiar los procesos psíquicos que concurren en su génesis. El proceso típico, establecido para incontables casos, consiste en que el hombre joven, intensamente fijado a la madre, algunos años después de la pubertad emprende una vuelta {Wendung}, se identifica él mismo con la madre y se pone a la busca de objetos de amor en los que pueda reencontrarse, para amarlos entonces como la madre lo amó a él (…) La identificación con la madre es un desenlace de este vínculo de objeto y al mismo tiempo permite permanecer fiel, en cierto sentido, a ese primer objeto. Después, la inclinación a la elección narcisista de objeto, que en general es más asequible y de ejecución más fácil que el giro {Wendung} hacia el otro sexo. Tras este factor se oculta otro de fuerza muy especial, o que quizá coincide con él: la alta estima por el órgano viril y la incapacidad de renunciar a su presencia en el objeto de amor. El menosprecio por la mujer, la repugnancia y aun el horror a ella, por lo general derivan del descubrimiento, hecho tempranamente, de que la mujer no posee pene”.

Sigmund Freud, Sobre algunos mecanismos neuróticos en los celos, la paranoia y la homosexualidad, Obras completas, vol. XVIII, Bs As, Amorrortu, 1986, p. 224.

“A pesar de la diversidad de su contenido, son correspondientes manifiestos, Algo que es común a ambos sexos ha sido comprimido, en virtud de la diferencia entre los sexos, en una forma de expresión otra.

Esos dos temas en reciproca correspondencia son, para la mujer, la envidia del pene – el positivo querer-alcanzar la posesión de un genital masculino-, y para el hombre, la revuelta contra su actitud pasiva o femenina hacia otro hombre. Eso común ha sido destacado muy temprano en la nomenclatura psicoanalítica como conducta frente al complejo de castración, y más tarde Alfred Adler ha impuesto el uso de la designación, enteramente acertada para el caso del hombre, de «protesta masculina»; yo creo que «desautorización de la feminidad» habría sido desde el comienzo la descripción correcta de ese fragmento tan asombroso de la vida anímica de los seres humanos.”

Sigmund Freud, “Análisis terminable e interminable”, Obras completas, vol. XXIII, Bs As, Amorrortu, 1986, pág. 252

“Lo decisivo es que la resistencia no permite que se produzca cambio alguno, que solo todo permanece como es. A menudo uno tiene la impresión de haber atravesado todos los estratos psicológicos, y llegado, con el deseo del pene y la protesta masculina, a la «roca de base» y, de este modo, al término de su actividad. Y así tiene que ser, pues para lo psíquico lo biológico desempeña realmente el papel del vaciamiento rocoso subyacente. En efecto, la desautorización de la feminidad no puede ser más que un hecho biológico, una pieza de aquel gran enigma de la sexualidad. Difícil es decir si en una cura analítica hemos logrado dominar este factor, y cuando lo hemos logrado. Nos consolamos con la seguridad de haber ofrecido al analizado toda la incitación posible para reexaminar y variar su actitud frente a él.”

Sigmund Freud, Análisis terminable e interminable, Obras completas, vol. XXIII, Bs As, Amorrortu, 1986, p. 253-254.

EJE 3

“[…] el fetiche […] perdura como el signo del triunfo sobre la amenaza de castración y de la protección contra ella, y le ahorra al fetichista el devenir homosexual, en tanto presta a la mujer aquel carácter por el cual se vuelve soportable como objeto sexual”.

Sigmund Freud, Fetichismo, Obras completas, vol. XXI, Bs As, Amorrortu, 1986, p. 149

“Es en la construcción del fetiche mismo donde han encontrado cabida tanto la desmentida como la aseveración de la castración […] Un fetiche tal, doblemente anudado a partir de opuestos, se sostiene particularmente bien, desde luego. En otros casos, la bi-escisión se muestra en lo que el fetichista hace –en la realidad o en la fantasía- con su fetiche”.

Sigmund Freud, Fetichismo, Obras completas, vol. X, Bs As, Amorrortu, 1986, p. 151

“Observaciones clínicas nos impusieron en su tiempo esta concepción: el masoquismo, la pulsión parcial complementaria del sadismo, ha de entenderse como una reversión {Rückwendung} del sadismo hacia el yo propio. Ahora bien, una vuelta {Wendung} de la pulsión desde el objeto hacia el yo no es en principio otra cosa que la vuelta desde el yo hacia el objeto que aquí se nos plantea como algo nuevo. El masoquismo, la vuelta de la pulsión hacia el yo propio, sería entonces, en realidad, un retroceso a una fase anterior de aquella, una regresión. La exposición que hicimos del masoquismo en aquella época necesitaría ser enmendada en un punto, por demasiado excluyente: podría haber también un masoquismo primario, cosa que en aquel lugar quise poner en entredicho”.

Sigmund Freud, Más allá del principio de placer, Obras completas, vol. XVIII, Bs As, Amorrortu, 1986, p.53.

“Desde siempre hemos reconocido un componente sádico en la pulsión sexual; según sabemos, puede volverse autónomo y gobernar, en calidad de perversión, la aspiración sexual íntegra de la persona (…) Ahora bien, ¿cómo podríamos derivar del Eros conservador de la vida la pulsión sádica, que apunta a dañar el objeto? ¿No cabe suponer que ese sadismo es en verdad una pulsión de muerte apartada del yo por el esfuerzo y la influencia de la libido narcisista, de modo que sale a la luz sólo en el objeto? Después entra al servicio de la función sexual (…) Y aún podría decirse que el sadismo esforzado a salir {herausdrängen} del yo ha enseñado el camino a los componentes libidinosos de la pulsión sexual, que, en pos de él, se esfuerzan en dar caza {nachdrängen} al objeto. Donde el sadismo originario no ha experimentado ningún atemperamiento ni fusión {Verschmelzung}, queda establecida la conocida ambivalencia amor-odio de la vida amorosa”.

Sigmund Freud, Más allá del principio de placer, Obras completas, vol. XVIII, Bs As, Amorrortu, 1986, p.53.