BIBLIOGRAFÍA

Freud, S., (1986) Obras Completas, Amorrortu, Bs. As., Argentina

  • Tomo III: “Las neuropsicosis de defensa”, ibíd., pp. 41-61.

  • Tomo III: “Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa”, ibíd., pp. 157-184.

  • Tomo III: “La sexualidad en la etiología de las neurosis”, ibíd., pp. 251-276.

  • Tomo VII: “Fragmento de análisis de un caso de histeria”, ibíd., pp. 1-108.

  • Tomo VII: “Tres ensayos de teoría sexual”, vol. VII, ibíd., pp. 109-224.

  • Tomo VII: “Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis”, vol. VII, ibíd., pp. 259-272.

  • Tomo IX: “El esclarecimiento sexual del niño”, ibíd., pp. 111-122.

  • Tomo IX: “Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad”, ibíd., pp. 137-148.

  • Tomo IX: “Carácter y erotismo anal”, ibíd., pp. 149-158.

  • Tomo IX: “Sobre las teorías sexuales infantiles”, ibíd., pp. 183-202.

  • Tomo XI: “Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre (Contribuciones a la psicología del amor, I)”, ibíd., pp. 155-168.

  • Tomo XI: “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa (Contribuciones a la psicología del amor, II)”, ibíd., pp. 169-184.

  • Tomo XI: “El tabú de la virginidad (Contribuciones a la psicología del amor, III)”, ibíd., pp. 185-204.

CITAS

A medida que me voy alejando en el tiempo de la terminación de este análisis, tanto más probable me parece que mi error técnico consistiera en la siguiente omisión: No atiné a colegir en el momento oportuno, y comunicárselo a la enferma, que la moción de amor homosexual (ginecófila) hacia la señora K. era la más fuerte de las corrientes inconscientes de su vida anímica

Sigmund Freud, Fragmento de análisis de un caso de histeria, Obras completas, vol. VII, Bs As, Amorrortu, 1986, pp. 104-105. Nota al pie de página No.7

Conozco a un hermoso niño que ahora tiene cuatro años, cuyos inteligentes padres renunciaron a sofocar violentamente un fragmento de su desarrollo. El pequeño Hans, que por cierto no sufrió influencias seductoras de parte de alguna persona encargada de su crianza, muestra empero desde hace un tiempo vivo interés por aquella parte de su cuerpo que suele designar como “hace-pipí” {“Wiwimacher”}. Ya a los tres años ha preguntado a su madre: “Mamá, ¿tú también tienes un hace-pipí?”. A  lo cual la mamá respondió: “Naturalmente, ¿qué te habías creído?”. Igual pregunta había dirigido repetidas veces al padre

Sigmund Freud, El esclarecimiento sexual del niño, Obras completas, vol. IX, Bs As, Amorrortu, 1986, pp. 117-118.

Toda vez que el primitivo ha erigido un tabú es porque teme un peligro, y no puede negarse que en todos esos preceptos de evitación se exterioriza un horror básico a la mujer. Acaso se funde en que ella es diferente del varón, parece eternamente incomprensible y misteriosa, ajena y por eso hostil. El varón teme ser debilitado por la mujer, contagiarse de su feminidad, y mostrarse luego incompetente

Sigmund Freud, El tabú de la virginidad, Obras completas, vol. XI, Bs As, Amorrortu, 1986, p.194

Introduzcamos dos términos: llamados objeto sexual a la persona de la que parte la atracción sexual, y meta sexual a la acción hacia la cual esfuerza la  pulsión. Si tal hacemos, la experiencia espigada científicamente nos muestra la existencia de numerosas desviaciones respecto de ambos, el objeto sexual y la meta sexual, desviaciones cuya relación con la norma supuesta exige una indagación a fondo

Sigmund Freud, Tres ensayos de teoría sexual, Obras completas, vol. XI, Bs As, Amorrortu, 1986, p. 123.

La fábula poética de la repartición del ser humano en dos mitades -macho y hembra- que aspiran a reunirse de nuevo en el amor se corresponde a maravilla con la teoría popular de la pulsión. Por eso provoca gran sorpresa enterarse de que hay hombres cuyo objeto sexual no es la mujer, sino el hombre, y mujeres que no tienen por tal objeto sexo contrario o, mejor, invertidas; y al hecho mismo, inversión. El número de esas personas es muy elevado, aunque es difícil averiguarlo con certeza

Sigmund Freud, Tres ensayos de teoría sexual, Obras completas, vol. XI, Bs As, Amorrortu, 1986, p. 124

La ocultación del cuerpo, que progresa junto con la cultura humana, mantiene despierta la curiosidad sexual, que aspira a completar el objeto sexual mediante el desnudamiento de las partes ocultas. Empero, puede ser desviada («sublimada») en el ámbito del arte, si uno puede apartar su interés de los genitales para dirigirlo a la forma del cuerpo como un todo.  La mayoría de las personas normales se demoran en cierto grado en esa meta intermediaria que es el mirar teñido sexualmente. Y esto les da aun la posibilidad de dirigir cierto monto de su libido a metas artísticas más elevadas. Por el contrario, el placer de ver se convierte en perversión cuando: a) se circunscribe con exclusividad a los genitales; b) se une a la superación del asco {voyeur: el que mira a otro en sus funciones excretorias), o c) suplanta {Verdrangen} a la meta sexual normal, en lugar de servirle de preliminar. Este último caso es, marcadamente, el de los exhibicionistas, quienes, si me es licito inferirlo tras numerosos análisis, enseñan sus genitales para que la otra parte les muestre los suyos como contraprestación

Sigmund Freud, Tres ensayos de teoría sexual, Obras completas, vol. XI, Bs As, Amorrortu, 1986, p. 141-142.

Baste remitir aquí a mis tres ensayos de teoría sexual (1905), donde intenté arrojar alguna luz, siquiera tenue, sobre la naturaleza de la sexualidad. Allí puntualicé que la disposición sexual constitucional del niño es enormemente más variada de lo que podría creerse; merece ser llamada “perversa polimorfa”, y el comportamiento de la función sexual llamada normal surge de esa disposición, por represión de ciertos componentes. Mediante la referencia a los caracteres infantiles de la sexualidad pude establecer un enlace simple entre salud, perversión y neurosis. La norma resultó ser el fruto de la represión de ciertas pulsiones parciales y ciertos componentes de las disposiciones {constitucionales} infantiles, y de la subordinación de los restantes bajo el primado de las zonas genitales y al servicio de la función de la reproducción; las perversiones correspondían a perturbaciones de esta síntesis por obra del desarrollo hiperpotente, como compulsivo, de algunas de estas pulsiones parciales; y en cuanto a la neurosis, la reconduje a una represión excesiva de las aspiraciones libidinosas

Sigmund Freud, Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis, Obras completas, vol. VII, Bs As, Amorrortu, 1986, p. 268-269.

los síntomas figuran la práctica sexual de los enfermos, sea en su integridad, sea una práctica parcial, que procede de las fuentes de unas pulsiones parciales, normales o perversas, de la sexualidad. No sólo una buena parte de la sintomatología histérica brota directamente de las exteriorizaciones de un estado de excitación sexual; no sólo una serie de zonas erógenas se elevan en la neurosis, por refuerzo de propiedades infantiles, hasta la significación de genitales: aún los síntomas más complejos se revela como las figuraciones “convertidas” {konvertieren} de fantasías que tienen por contenido una situación sexual

Sigmund Freud, Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis, Obras completas, vol. VII, Bs As, Amorrortu, 1986, p. 269-270.