Para estar a la altura de la época, el discurso analítico está convocado a reflexionar sobre las incidencias que en la subjetividad, tienen las transformaciones que se están produciendo en nuestras sociedades del siglo XXI.

¿Cómo los seres hablantes de nuestro tiempo se las arreglan para sostener la diferencia sexual, para poder advenir en una posición sexuada y autorizarse en ella, cuando la diferencia sexual ha cambiado y ha pasado de ser binaria, a pluralizarse en diferentes nominaciones o auto-nominaciones o incluso a borrarse?

El psicoanálisis postula que “no hay nada en el inconsciente que nos asegure que la diferencia entre un ser-hombre y un ser-mujer esté inscrita en él. El inconsciente se comporta como si solo existiera un sexo, y todo el problema es saber cuál”[1].

Freud ya había expresado que no hay un primado “genital”, sino un “primado del falo”[2], mostrando así que el funcionamiento del inconsciente no tiene nada de biológico. La significación fálica que se desprende de esta única representación no asegura al ser hablante estar libre de la condición disruptiva del goce sexual.

Las formas fálicas de gozar son anómalas al cuerpo y por lo tanto no dejan de introducir lo traumático. Ningún código permite al sujeto descifrar lo que le sucede, ni por qué le sucede, ni qué significa. Y, sin embargo, él está a cargo. Es frente a esta falla que se construirán las teorías sexuales infantiles y se edificarán las diversas identificaciones.

Dicha significación fálica no alcanza para dar cuenta de un goce Otro, goce femenino que conduce a Lacan a afirmar “no hay relación sexual”. “Cuando se trata del goce, y especialmente del goce sexual, entramos en el campo de lo Uno…sin Otro. Cada uno sin saber la partitura que lo cifra. El sexo es Otro cuerpo, cuerpo extraño que irrumpe en el cuerpo conocido. Desde este espacio interior y exterior a la vez, el sexo es el Uno del goce, sin Otro posible desde dónde poder representarlo”[3].

En ese sentido, la clínica nos enseña que para el ser hablante asumirse como ser sexuado no va sin incertidumbres, malestares e inquietudes. Su anatomía no le permite sostenerse fácilmente en una identificación sexual ni le garantiza una posición sexuada. En realidad, cuando se trata de la sexualidad y de las formas de gozar, cuando se trata de resolver la pregunta sobre lo más íntimo de la identidad sexual, se fracasa.

El sintagma “la anatomía no es el destino”, indica que la biología no determina al ser hablante como hombre o mujer, no dice nada sobre el deseo ni la pulsión que irremediablemente se anudan a toda posición sexuada. La diferencia de géneros no llega a funcionar como brújula para transitar este desierto, el desierto del goce, en el que no hay oasis, solo espejismos.

La lógica binaria explica únicamente la parte representable de la sexualidad, aquello que se suele llamar hoy “género”. Las teorías y la ideología del género hacen olvidar la función de la diferencia sexual; promueven: ¡El Uno ha muerto, viva lo Múltiple! Favorecen la creencia de que la posición sexuada de cada ser hablante emana de la libre elección de su propia voluntad, un derecho de decisión consciente que hay que promover desde las edades más tempranas.

“Autorizarse por sí mismo como seres sexuados…y por algunos otros”,[4] supone una cierta elección que no implica la libre elección. Lacan al formular el concepto de “sexuación”[5] lo hace en estrecha relación con el inconsciente. Así, el proceso de sexuación anuda la diferencia natural de los sexos, con los semblantes del discurso sexual, el goce, lo real del sexo y una elección forzada del sujeto, puesto que es él mismo quién queda  elegido.

El tema de las XII Jornadas de la NEL convoca a cada uno de los integrantes de nuestra comunidad analítica a autorizarse a pensar acerca de las implicaciones sociales y subjetivas que tiene la pluralización de las formas de goce y el llamado a la promoción de una supuesta libertad de elección que deja a los sujetos cada vez más solos y alienados.

No intentamos una definición de la sexualidad, el paréntesis en su título (ES), indica que las respuestas quedan en suspenso y que las Jornadas serán un espacio privilegiado para poner en tensión diversas aristas, orientadas por la perspectiva que nos legó Lacan, que más allá de las identidades de género, da lugar a la singularidad y abre a la infinitud de ese goce femenino que no está contemplado en la lógica binaria que divide las aguas entre hombres y mujeres.

Comisión Científica:

  • Fernando Gómez
  • Gloria González
  • María Elena Lora
  • Ricardo Torrejón
  • Ana Viganó

[1] Bassols, M. La diferencia entre sexos no existe en el inconsciente. En https//books.google.com.pe>books

[2] Freud, S. “La organización genital infantil”, Obras completas, Vol. XIX, Bs. As. Amorrortu, 2012, p. 146.

[3] Bassols, M. La diferencia entre sexos no existe en el inconsciente. En https//books.google.com.pe>books

[4] Lacan, J: L: Les nom-dupes errent. Ínedito, Lección 11, 9 de abril de 1974.

[5] J. Lacan comienza a desarrollar el concepto de sexuación en el Seminario, Libro XIX, …O peor [1971-2] y en el Seminario, Libro XX, Aún [1972-3]